Quiero entrar a internet

Quiero entrar a internet

Red digital de servicios integrados

No ocurre muy a menudo, pero hay veces que no puedes acceder a Internet en casa. Quizá sea porque el servicio no funciona, o porque te has mudado a un nuevo lugar y estás esperando a que el proveedor de Internet instale el nuevo servicio. En estos casos, siempre es bueno tener un plan de respaldo para poder seguir teniendo acceso a Internet, incluso cuando la conexión principal de tu casa no funcione. Si estás buscando un plan de respaldo, tenemos varias sugerencias para tener en cuenta.

Ten en cuenta que el uso de la Wi-Fi pública en un establecimiento requiere un cierto toma y daca. Es habitual y una cortesía común comprar siempre algo cuando se ocupa un espacio en una cafetería o un local de comida rápida. Mejor aún, si das una buena propina y conoces a los camareros, nadie te mirará mal cuando conectes tu protector contra sobretensiones a la pared y saques tu trabajo del día.

Además, algunos lugares que ofrecen Wi-Fi público lo limitan sólo a los socios. Es posible que tengas que mostrar un carné de la biblioteca para usar el Wi-Fi de la misma, o que tengas que ser miembro del gimnasio si quieres aprovechar el Internet allí. Siempre es una buena idea llamar antes y ver cuáles son sus políticas antes de hacer un plan sólido.

Cómo se accede a la información a través de internet

El acceso a Internet es la capacidad que tienen las personas y organizaciones de conectarse a la red mediante terminales informáticos, ordenadores y otros dispositivos, y de acceder a servicios como el correo electrónico y la World Wide Web. El acceso a Internet lo venden los proveedores de servicios de Internet (PSI) que ofrecen conectividad a una amplia gama de velocidades de transferencia de datos a través de diversas tecnologías de red. Muchas organizaciones, entre las que se encuentra un número creciente de entidades municipales, también ofrecen acceso inalámbrico gratuito y teléfonos fijos.

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La disponibilidad de acceso a Internet era antes limitada, pero ha crecido rápidamente. En 1995, sólo el 0,04% de la población mundial tenía acceso, de los cuales más de la mitad vivía en Estados Unidos,[1] y el uso de los consumidores era a través de la conexión telefónica. En la primera década del siglo XXI, muchos consumidores de las naciones desarrolladas utilizaban una tecnología de banda ancha más rápida y, en 2014, el 41% de la población mundial tenía acceso,[2] la banda ancha era casi omnipresente en todo el mundo y la velocidad media de conexión global superaba un megabit por segundo[3].

Abonado digital asimétrico

En cualquier lugar de la UE debe poder acceder a servicios de comunicación electrónica de buena calidad a un precio asequible, incluido el acceso básico a Internet. Esto es lo que se conoce como prestación de «servicio universal». Debe haber al menos un proveedor de Internet que pueda prestarle este servicio.

Las normas de la UE sobre la Internet abierta le otorgan el derecho como usuario a acceder y/o distribuir cualquier contenido y servicio en línea que usted elija. Su proveedor de internet no puede bloquear, ralentizar o discriminar ningún contenido, aplicación o servicio en línea, salvo en 3 casos concretos:

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John, de Irlanda, acaba de empezar un nuevo trabajo en Alemania. Quería utilizar una aplicación de videollamada para hablar con su familia y así ahorrarse el coste de las llamadas telefónicas. Se alegró al descubrir que podía elegir entre diferentes aplicaciones de videollamada que podía utilizar gratuitamente a través de su conexión a internet.

Aconsejada por una amiga, se puso en contacto con el proveedor del servicio universal francés para informarse sobre las soluciones que podrían ayudarle. El proveedor le entregó un lector de pantalla que permite a Véronique leer y acceder a la información en línea.

Acceso a internet por cable

Desde que se desató la pandemia, Grace Riario y Melissa Morrone han sido testigos de un fenómeno similar en las bibliotecas en las que trabajan en Nueva York: la gente se reúne para intentar coger el wifi fuera de sus puertas porque el servicio en interiores está en gran parte cerrado. «La gente se sienta en el aparcamiento y en los bancos de fuera, y se queda sentada allí durante horas tratando de hacer su trabajo», dijo Riario.

Riario supervisa nueve bibliotecas en la región de Catskills, donde algunas zonas no tienen acceso a Internet de banda ancha en absoluto. Morrone es un bibliotecario supervisor en Brooklyn, donde aunque la gente tenga teóricamente acceso, muchos no pueden permitírselo. Ambos ven las manifestaciones reales de la llamada «brecha digital». La brecha es tanto rural como urbana y está ligada tanto al acceso como a la inclusión.

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Según la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), 21 millones de estadounidenses no tienen acceso a Internet de banda ancha de calidad, aunque algunas estimaciones sugieren que esa cifra es mucho mayor, incluso el doble. Millones de personas sencillamente no pueden acceder a la banda ancha porque no existe la infraestructura necesaria. Además, está la cuestión del coste: que un cable pase por la casa de alguien no significa que pueda utilizarlo. En 2019, Pew Research descubrió que la mitad de los no usuarios de banda ancha siguen diciendo que no se suscriben al servicio porque es demasiado caro, y casi uno de cada cinco hogares que ganan 30.000 dólares o menos no están conectados. La opción de internet de 60 dólares al mes, más o menos la media nacional, solo está disponible si se tienen esos 60 dólares.

Acerca del autor

Elena

Soy Elena Caceres experta en ciberseguridad y aficionada de todo lo que gira entorno al Internet. Les doy la bienvenida a mi blog donde trato de compartir información actualizada sobre estos temas relacionados con la tecnología.

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